Puertas adentro
En ese pueblito alejado, donde todo parecía calmo, la vida de las personas transcurría. Y esa niña inconsciente no se daba cuenta de que, puertas adentro, allí en el fondo de alguna habitación, alguien lloraba en silencio.
La niña tuvo que crecer para darse cuenta de que no todos eran felices en esa familia, de que alguien llevaba una pesada carga, de que la pena era evidente, de que la vida no transcurría serenamente, ya que allí puertas adentro, vivía el dolor.